Catalunya prohíbe las bolsas de plástico gratis

Con la llegada del 2016 nos despedimos de las bolsas de plástico gratuitas en los pequeños comercios catalanes. El “Pacte per la Bossa”, que entró en vigor hace 7 años, ha logrado reducir en más de un 50% el consumo de bolsas de plástico y se persigue el objetivo de llegar al 90% en el año 2020. 

Mira aquí la notícia – minuto 28 (audio en castellano).

Mira aquí la notícia – minuto 14 (audio en catalán).

 

Las bolsas de plástico no son gratis. Que no pague el medio ambiente

La Agencia de Residuos de Cataluña (ARC) ha llegado a un acuerdo con el sector comercial mediante el cual se prohíbe totalmente la gratuidad de las bolsas de plástico a partir del 2016.

Este acuerdo establece que todos los establecimientos comerciales harán pagar a los clientes las bolsas de plástico de un solo uso, ampliando así al pequeño comercio una práctica que ya es habitual en los hipermercados y supermercados.

Esta medida tiene como objetivo reducir en un 90% el consumo de estos envoltorios, hasta tres unidades al mes por habitante, y se adelanta a la directiva europea que regula por primera vez las bolsas de plástico, que plantea la reducción de su uso en un 80% desde hoy hasta el año 2025.

En el 2009, el Pacto por la Bolsa, firmado por la Generalitat y las organizaciones de distribución y fabricación, ya estableció un acuerdo voluntario para reducir el consumo de bolsas de un solo uso, un objetivo que se alcanzó sobradamente, pasando de 327 bolsas anuales per cápita a 156 en el año 2012.

 

Bolsas de plástico, una amenaza para el medio ambiente

Las bolsas, además de consumir recursos en la fase de producción (el 5% del petróleo que se extrae en todo el mundo se utiliza para la industria del plástico), generan otros impactos sobre el medio. Debido a su peso son transportadas fácilmente por el viento y pueden llegar a ser consumidas por los animales, obstruir tuberías y conductos, e incluso llegar al mar con graves consecuencias sobre los ecosistemas marinos. Se calcula que en el fondo del Mediterráneo hay unos 250 mil millones de pequeñas piezas de plástico y 500 toneladas adicionales de residuos plásticos flotando por la superficie.

En el mar, las bolsas de plástico se convierten en plásticos más pequeños con el paso del tiempo, y en muchas ocasiones las especies marinas no saben distinguir entre los residuos y sus presas habituales. Las bolsas dañan o incluso pueden llegar a matar a los animales marinos que las ingieren. Además, cuando el plástico se descompone, libera disruptores endocrinos y sustancias cancerígenas. A largo plazo, los microplásticos pueden acabar en nuestra mesa a través de pescados, crustáceos, etc. con consecuencias negativas para nuestra salud.

 

Cambio de hábitos

Las bolsas de un solo uso son un ejemplo de cómo se gestionan los recursos. En lugar de reducir, reutilizar y reciclar de forma efectiva los materiales que se utilizan durante el mayor tiempo posible, cada vez se extraen más recursos naturales con los que se fabrican productos con una vida efímera.

Son un símbolo de la “incultura” de usar y tirar, un modelo insostenible e inviable. Por eso debemos utilizar elementos alternativos para transportar la compra en sustitución de las bolsas de plástico de un solo uso. Los elementos a potenciar son, por ejemplo, los cestos y los carros de la compra ya que son más sólidos que las bolsas de un solo uso y, además, se pueden usar muchas veces.

Somos responsables de la supervivencia de nuestros mares, y la única posibilidad que tenemos es reducir los desechos plásticos.

 

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